la brujería designa generalmente la práctica de una forma especial de magia, en la que el brujo o la bruja maniobran con las energías globales, ya provengan de las plantas, de los ciclos lunares, de las estaciones o incluso de las personas, los lugares y las cosas. Las doctrinas religiosas consideran habitualmente cualquier forma de magia como supersticiosa y proscrita, contraponiendo el carácter sagrado de sus propios rituales.
La brujería es un término controvertido y según el contexto y el medio cultural en el que se emplee esta palabra, puede designar ideas diferentes e incluso opuestas. Cada sociedad posee sus propios conceptos en materia de tradición, de creencias, de religión, de buenos y malos espíritus, de rituales y de relaciones con el más allá y con la muerte. Desde un punto de vista antropológico, la palabra brujo o hechicero puede recubrir diferentes funciones como chamán u hombre-medicina.
En algunas sociedades, los chamanes eran y son no solamente bien aceptados en tanto que practicantes de rituales tradicionales e intercesores con las fuerzas y energías de lo invisible, sino respetados, a veces temidos y a menudo colocados en posiciones socialmente dominantes.
Según Guy Bechtel en todos los tiempos ha habido hombres y mujeres que decían tener poderes y practicar la magia. Desde sacerdotes hasta emperadores se arrogaban el título de mago. Había funcionarios estatales que trabajaban de adivinos o augures prediciendo quien sería el vencedor en las batallas.
La brujería, en cambio, ejercida por gente de menor nivel cultural y económico, era vista como un subproducto de la magia. La gente recurría a los brujos y brujas para ahuyentar la mala suerte o mejorar las cosechas y en los orígenes se trataba de una brujería benéfica. En la Antigua Roma, en la Antigua Atenas, en el Antiguo Egipto e incluso en África existían talismanes contra el mal de ojo, amuletos, hierbas mágicas y pociones. Con el auge del cristianismo aparece el concepto de brujería como herejía religiosa ligado principalmente a las mujeres y el mago (magus) va dejando lugar al brujo (maleficus), con lo que el combate contra la magia se convierte en sinónimo de lucha contra el paganismo.El término bruja procede del íbero bruixa y, más precisamente, del gallego bruxa. Julio Caro Baroja diferencia entre brujas y hechiceras. Las primeras habrían desarrollado su actividad en un ámbito predominantemente rural y habrían sido las principales víctimas de las cazas de brujas en los años 1450-1750. En cambio, las hechiceras, conocidas desde la antigüedad clásica, son personajes fundamentalmente urbanos. Las artes de brujas y hechiceras serían transmitidas oralmente de generación en generación, por lo que todos los testimonios acerca de sus prácticas proceden de autores ajenos y muy a menudo hostiles a ellas.
La brujería designa todo lo que se considera sobrenatural sin pertenecer a la religión oficial, o todo lo que es relativo al mal en estas mismas religiones. Aparece en la mitología de las primeras sociedades humanas (sociedad matriarcal), en las que la mujer tenía un importante papel. Las antiguas religiones se convirtieron en el diablo de las nuevas y el cristianismo asoció a menudo a las mujeres a roles maléficos tales como las parcas de la mitología grecorromana o incluso a Eva en el mito de Adán y Eva, quien se alía con la serpiente (agente del mal) para hundir al hombre en su triste condición. Esto explica parcialmente el papel preponderante de las brujas en la mitología popular europea.
En los primeros tiempos del cristianismo en Europa, la población, acostumbrada al uso de la magia en la vida cotidiana, esperaba del clero cristiano una forma superior de magia con respecto a la antigua magia pagana. Dado que la cristiandad perseguía al paganismo, el problema tomó una importancia crucial y el clero fue sustituyendo poco a poco las prácticas ancestrales por el culto a las reliquias de los santos y de Cristo, retomando así el uso popular de amuletos y de talismanes.Como lo muestran ciertos textos antiguos, la brujería jugó un papel importante en el Egipto antiguo, en Mesopotamia y en Babilonia. Como ejemplo este extracto del Código de Hammurabi (alrededor de -2000): “Si un hombre le imputa a otro hombre actos de brujería pero no puede probarlo, el que ha sido acusado de magia tendrá que acudir al divino Río y echarse al divino Río y, si el divino Río se lo lleva, al acusador le será lícito quedarse con su patrimonio. Pero si el divino Río lo declara puro y sigue sano y salvo, quien le acusó de magia será ejecutado. El que se echó al divino Río se quedará con el patrimonio de su acusador.”
Los judíos fueron percibidos como brujos en la Edad Media, y perseguidos como tales durante los siglos de la “caza de brujas”. Pero aunque la gran mayoría percibían la práctica de la brujería como una forma de idolatría, un pequeño grupo de judíos ortodoxos que estudiaban la Cábala creían en la magia. En la práctica, los rituales eran muy distintos de la brujería “tradicional” pero los fundamentos (utilizar las fuerzas sobrenaturales para influenciar en el mundo psíquico) eran similares.
La definición de la brujería como adoración al Diablo se difundió por toda Europa mediante una serie de tratados de demonología y manuales para inquisidores que se publicaron desde finales del siglo XV hasta avanzado el siglo XVII. El primero en alcanzar gran repercusión fue el Malleus Maleficarum (Martillo de las brujas), un tratado filosófico-escolástico publicado en 1486 por dos inquisidores dominicos, Heinrich Kramer y Jacob Sprenger. Tanto el Malleus maleficarum como otros muchos libros que se publicaron en la época constituyeron el fundamento de la caza de brujas que se dio en toda Europa durante la Edad Moderna, especialmente en los siglos XVI y XVII, y que causó la muerte, según algunos cálculos de unas 60.000 personas.
Las creencias tradicionales y populares atribuyen a la brujería diversos tipos de poderes (adquiridos por contrato demoníaco en la tradición cristiana y más generalmente, en la monoteísta). Se creía que las brujas tenían la capacidad de transformarse en animales, que podían volar de noche ─ los inquisidores afirmaban haber visto volar a las brujas y salir por las chimeneas con sus escobas ─ y que practicaban la magia tanto en provecho propio como por encargo de terceras personas. Se dedicaban preferentemente a la magia erótica, aunque también eran capaces de provocar daños tales como enfermedades o tempestades. Se reunían de noche en los sabbat, y consideraban como sus protectoras e invocaban en sus conjuros a diosas como Hécate, Selene y Diana.
El término sabbat es una deformación de Sabasius, es decir de Bacchus. Estas fiestas eran organizadas en honor del « Dios Cornudo » de la fecundidad y de la naturaleza (encarnado por Dioniso, Pan, Lug o Lugh, Cernunos, o Mithra). Las fiestas se acompañaban de libaciones, de danzas, y de orgías sexuales, con el fin de estimular la fecundidad de las tierras.
Es a partir de la Edad Media, y por reacción de la Iglesia católica, que este « Dios Cornudo » comenzó a ser considerado el propio Diablo llamándolo Satanás o Lucifer, y que a su vez los eclesiásticos re-bautizaron como Verbouc.
Probablemente las brujas más conocidas de la literatura clásica son dos personajes mitológicos, Circe y Medea. Hay menciones de brujas en las obras de Teócrito, Horacio, Ovidio, Apuleyo, Lucano y Petronio, entre muchos otros. Estos autores hacen especialmente referencia a brujas que realizan magia de tipo erótico.
Aunque no todos los sospechosos de brujería eran mujeres, se consideraba a la mujer más inclinada al pecado, más receptiva a la influencia del Demonio, y, por tanto, más proclive a convertirse en bruja. Por el contrario, se realza el papel privilegiado del hombre sobre la mujer, con la autoridad exclusiva para realizar la Transubstanciación como intermediario divino.
El primer caso de la quema de una bruja data de 1275 en Toulouse —epicentro del catarismo—. El inquisidor Hugo Baniol condenó a una mujer enajenada mental a la hoguera luego de que esta confesó haber procreado un monstruo con un demonio. Doctores de la iglesia como San Buenaventura y Tomás de Aquino creían posible el encuentro carnal entre mujeres y demonios.
Entre 1626 y 1631, en el clímax de la Guerra de los Treinta Años, período en el cual se produjeron grandes matanzas, saqueos y terribles hambrunas y en el cual se llegaron a darse episodios de canibalismo, príncipes católicos que reconquistaban territorios luteranos, llevaron adelante juicios masivos contra personas acusadas de brujas en la ciudad de Würzburg y en las que fueron ejecutadas más de 1.000 personas, hombres, mujeres y niños, acusados de ser brujos.
Entre 1648 hasta 1651 de desata una cacería de brujas en la montañosa y aislada región de los Grisones. Los juicios se llevaron en la ciudad de Vaduz, actual Liechtenstein donde cerca de 100 «brujos» fueron ejecutados en la hoguera.











Comentarios
Publicar un comentario